El otro día, fui a presenciar un espectáculo de striptease. Me metí en una sala abarrotada de gente (pensando que podría tratarse de un show interesante) y conseguí tomar asiento en primera fila. No me pregunten cómo, cuándo ni por qué llegué a entrar; el caso es que de repente me vi allí sentado expectante y entregado al espectáculo.
Me giré a mi alrededor, con el ánimo de analizar un poco el ambiente dominante en esa sala y enseguida pude observar como la mayoría de los espectadores se encontraban atentos e interesados por el show que se avecinaba; otros, parecían un saco de carne y huesos, estando realmente ausentes.
Ese breve instante en el que tuve la ocasión de conocer un poco el ambiente de la sala, fue interrumpido por la llegada de la estrella del espectáculo, el foco de atención, el culpable de tanta expectación y tanta entrega. Ahí estaba, acaparando todas las miradas con su vestimenta de profesional del sector y su manera de moverse por la sala (tengo que decir que se nota su larga experiencia en la profesión).
Tras un saludo inicial, procedió en seguida con el espectáculo, con esos movimientos calculados y esas miradas repartidas por el público, se empezó a desnudar. Es increíble como una persona se pueda desnudar con tanta clase y elegancia, con esa seguridad que le dan sus años de experiencia y esa capacidad de interrelacionarse con nosotros (mostrando sus dotes y su alto nivel de inteligencia interpersonal).
Amigos míos, sin que prácticamente me dé cuenta, estaba asistiendo a uno de los shows más espectaculares que jamás haya visto. Cuanto más se destapaba más nos llenaba de placer, haciendo que el público se emerja en un mundo hedonista en que difícilmente alguien quiera salir.
Ahora bien, pese a tal éxtasis, pude reaccionar y empecé a notar cosas raras en el ambiente, es decir, habían cosas anormales, que no se correspondían al contexto en el que yo estaba. Empezando por el público, en el que la presencia de ambos sexos era prácticamente igual; pasando por el lenguaje usado en esa sala, que no tenía nada que ver con la vulgaridad que suele haber en ese tipo de espectáculos; o incluso la propia estrella , que presentaba unas características inusuales en un profesional del sector.
De repente, todos aquellos indicios llegaron a facilitarme la respuesta a aquel caos de dudas y preguntas que me surgieron durante el espectáculo. Empecé a asociar los elementos que me rodeaban, y tras su posterior análisis, pude reaccionar y llegué a saber qué misterios rodeaban esa sala y hacían que el ambiente que se respiraba sea muy diferente al habitual en esos tipos de espectáculos.
Resulta que esa gran sala en la que me encontraba, se trataba del aula 4 de la Facultad de Ciencias Políticas de la UAB; los asistentes, no eran más que alumnos de dicha facultad; y esa persona que teníamos delante, un profesor doctorado en ciencias políticas que cobra un sueldo por “desnudarse intelectualmente”. Así que, sin darme cuenta, estaba asistiendo a un striptease intelectual .
Dicho esto, mi intención es generar un debate acerca de :
· La existencia de un abanico de profesiones que podemos catalogar dentro del sector de la prostitución.
· La hipocresía de la gente que rechaza o se opone a la prostitución tradicional y alaba otras formas de prostitución como es la intelectual (en la que englobamos cualquier tipo de profesión en la que el sujeto vende su intelecto a cambio de dinero).
· Por último, y quizás sea demasiado arriesgado, me gustaría conocer vuestro punto de vista acerca de esta afirmación que acuño con total simpatía:
¡ tod@s somos prostitut@s, lo que ocurre es que no tod@s nos prostituimos del mismo modo!