dissabte, 3 de desembre del 2011

Striptease

El otro día, fui a presenciar un espectáculo de striptease. Me metí en una sala abarrotada de gente (pensando que podría tratarse de un show interesante) y conseguí tomar asiento en primera fila. No me pregunten cómo, cuándo ni por qué llegué a entrar; el caso es que de repente me vi allí sentado expectante y entregado al espectáculo.
Me giré a mi alrededor, con el ánimo de analizar un poco el ambiente dominante en esa sala y enseguida pude observar como la mayoría de los espectadores se encontraban atentos  e interesados por el show que se avecinaba; otros, parecían un saco de carne y huesos, estando realmente ausentes.
Ese breve instante en el que tuve la ocasión de conocer un poco el ambiente de la sala, fue interrumpido por la llegada de la estrella del espectáculo, el foco de atención, el culpable de tanta expectación y tanta entrega. Ahí estaba, acaparando todas las miradas con su vestimenta de profesional del sector y su manera de moverse por la sala (tengo que decir que se nota su larga experiencia en  la profesión).
Tras un saludo inicial, procedió en seguida con el espectáculo, con esos movimientos calculados y esas miradas repartidas por el público, se empezó a desnudar. Es increíble como una persona se pueda desnudar con tanta clase y elegancia, con esa seguridad que le dan sus años de experiencia y esa capacidad de interrelacionarse con nosotros (mostrando sus dotes y su alto nivel de inteligencia interpersonal).
Amigos míos, sin que prácticamente me dé cuenta, estaba asistiendo a uno de los shows más espectaculares que jamás haya visto. Cuanto más se destapaba más nos llenaba de placer, haciendo que el público se emerja en un mundo hedonista en que difícilmente alguien quiera salir.
Ahora bien, pese a tal éxtasis, pude reaccionar y empecé a notar cosas raras en el ambiente, es decir, habían cosas anormales, que no se correspondían al contexto en el que yo estaba. Empezando por el público, en el que la presencia de ambos sexos era prácticamente igual; pasando por el lenguaje usado en esa sala, que no tenía nada que ver con la vulgaridad que suele haber en ese tipo de espectáculos; o incluso la propia estrella , que presentaba unas características inusuales en un profesional del sector.
De repente, todos aquellos indicios llegaron a facilitarme la respuesta a aquel caos de dudas y preguntas que me surgieron durante el espectáculo. Empecé a asociar los elementos que me rodeaban, y tras su posterior análisis, pude reaccionar y llegué a saber qué misterios rodeaban esa sala y hacían que el ambiente que se respiraba sea muy diferente al  habitual en esos tipos de espectáculos.
Resulta que esa gran sala en la que me encontraba, se trataba del aula 4 de la Facultad de Ciencias Políticas de la UAB; los asistentes, no eran más que alumnos de dicha facultad; y esa persona que teníamos delante, un profesor doctorado en ciencias políticas que cobra un sueldo por “desnudarse intelectualmente”. Así que, sin darme cuenta, estaba asistiendo a un striptease intelectual .

Dicho esto, mi intención es generar un debate acerca de :
·         La existencia de un abanico de profesiones que podemos catalogar  dentro del sector de la prostitución.
·         La hipocresía de la gente que rechaza o se opone a la prostitución tradicional y alaba otras formas de prostitución como es la intelectual (en la que englobamos cualquier tipo de profesión en la que el sujeto vende su intelecto a cambio de dinero).
·         Por último, y quizás sea demasiado arriesgado, me gustaría conocer vuestro punto de vista acerca de esta afirmación que acuño con total simpatía:
 ¡ tod@s somos prostitut@s, lo que ocurre es que no tod@s nos prostituimos del mismo modo!

dimecres, 30 de novembre del 2011

¿Igualdad o algo más?

Ante la presión de muchas mujeres, e incluso de algunos hombres que debido a  que “no se comen ni una rosca”  buscan un hueco entre la oleada feminista de carácter radical,  surgió el debate sobre lo sexista que resulta el lenguaje castellano.
Realmente no sé a que se debe esta oleada de ataques a todo aquello que no lleve el artículo “la” (característico de las palabras en femenino). Y es que el feminismo que esta brotando en la actualidad tiene un tono bastante agresivo, vengativo e incluso sexista.
A mi modo de ver, muchas mujeres están siendo víctimas de grupos feministas formados por mujeres que debido a una mala experiencia en su vida personal, padecen problemas mentales o psíquicos que les lleva a odiar cualquier cosa relacionada con el término hombre o masculino. Estos grupos, lejos de combatir el machismo para implantar la igualdad y lograr los objetivos que persigue la mayoría de mujeres, su lucha se basa en suprimir el machismo para hacer valer el feminismo, es decir, buscan lo que llamamos coloquialmente “darle la vuelta a la tortilla”, para pasar de oprimidas a opresoras, y de este modo, poder implantar sus ideales para  vengarse de aquel  HOMBRE  (y no hombres) que en su día la marcó para siempre.
Una de las batallas de dichos grupos en su particular guerra es lo que anunciaba al principio del texto, el lenguaje. Resulta casi ridículo que se abra un debate sobre semejante cuestión, y más cuando dicho debate está siendo apoyado por algunos que se hacen llamar  hombres. Personalmente, y lo digo de antemano, me niego totalmente a escribir un informe o artículo que en un principio me iba a costar diez páginas, lo tenga que hacer en veinte, solo por el mero hecho de satisfacer a alguna que otra desequilibrada y a unos cuantos “calzonazos”.
Por otra parte, ¿no creéis que el lenguaje que usamos en la actualidad, ya es  suficientemente pringoso con palabras  o conceptos que se les han ido introduciendo a lo largo de la historia y que no han hecho nada más que enredarlo  como para seguir complicándolo aún más con pequeñeces? Pues yo no creo que cambiando o moldeando una cosa tan abstracta como es el lenguaje vaya a ver más igualdad de género (aunque quizás sí que pueda, en mayor o menor medida,  saciar la sed vengativa de nuestras amigas feministas).
Para serles franco, realmente creo que deberíamos moldear nuestra actitud, nuestros valores como sociedad, que las mujeres se dejen de tanto victimismo y se pongan mano a la obra junto a todos los hombres que creemos en la  IGUALDAD  , para resolver asuntos que verdaderamente afectan a las mujeres en su vida diaria. Es más, habrá que invertir (y mucho) en la educación de nuevas generaciones para que asimilen valores de justicia e igualdad, para que crezcan en un ambiente donde la suerte y las oportunidades no conocen sexos, si no esfuerzos y capacidades.
Mientras tanto, deberíamos hacer valer algunas de las pocas virtudes que nos quedan, en nuestras sociedades carentes de valores, donde la avaricia, la codicia, el espíritu competitivo y la lucha de poderes, han hecho de nuestro entorno un infierno sin llamas, en el que la desigualdad y la injusticia reinan a sus campas y provocan que algunos sectores de la sociedad, en una  desesperada búsqueda a una salida de su particular infierno, se aferre a infortunadas soluciones, entre ellas: una modificación en el lenguaje.
En fin, tal y como dicen “hay gente pa to”. Hay personas que no se paran a pensar en las consecuencias de sus acciones y otras -que a mi juicio es mucho más grave-, siguen a dichas personas en su causa sin percatar lo perjudicial que les puede resultar dicho apoyo. Mujeres sin conocimiento de causa y hombres con escasa personalidad y triste vida sexual,  buscan protagonismo agarrándose a cualquier causa por muy ilógica, incoherente y estúpida que pueda resultar con tal de tener la oportunidad de saciar sus vacíos y dar sentido a sus vidas.